
Joaquín «El Chapo» Guzmán Loera, el exlíder del Cártel de Sinaloa, se encuentra en un estado de deterioro físico y mental severo tras más de seis años en la prisión supermáxima ADX Florence, en Colorado, donde purga cadena perpetua por narcotráfico. Según cartas inéditas publicadas en 2024, Guzmán describe un aislamiento extremo bajo las Medidas Administrativas Especiales (SAMs), que limitan su tiempo fuera de la celda a apenas tres horas semanales, sin acceso a educación, empleo, biblioteca ni visitas familiares regulares, lo que lo deja «sin nada qué hacer» en un entorno «siniestro y deshumanizante».
En esas misivas, advierte de síntomas graves: presión arterial elevada, dolores de cabeza constantes, alergias crónicas, privación de sueño por supuestos gases tóxicos en su celda, depresión, pérdida de memoria y un riesgo inminente de infarto o colapso mental. «Las SAMs son punitivas y me estoy enfermando… remuevan las SAMs antes de que me dé un ataque al corazón o antes de que me vuelva loco», implora, alegando torturas psicológicas y físicas que lo han llevado al borde de la locura.
Actualizaciones de 2025 confirman que su condición ha empeorado. Su abogada reportó en septiembre «cambios extraños y preocupantes» en su salud mental por el aislamiento prolongado, incluyendo alucinaciones y un desmoronamiento progresivo tras nueve años de reclusión continua (incluyendo tiempo en México). En mayo, se detalló un colapso que abarca desde alucinaciones hasta amnesia, exacerbado por la falta de terapia o apoyo médico adecuado. Guzmán ha intentado apelaciones legales para aliviar las SAMs y permitir más contacto con sus hijas gemelas o hermana, pero sin éxito notable hasta la fecha, y sigue sin recibir llamadas o visitas consistentes.
En resumen, El Chapo está al límite: físicamente debilitado por hipertensión y dolencias crónicas, y mentalmente frágil, luchando por mantener la cordura en un régimen diseñado para prevenir fugas, pero que él califica como «cruel e inhumano». Su equipo legal persiste en demandas contra el Departamento de Justicia, pero el pronóstico es sombrío sin cambios en sus condiciones.
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